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Da igual que haga un
sol radiante o que las nubes dejen pasar una luz traslúcida y pesada, el gris también
es un color maravilloso que puede verse rosa si se sabe mirar con los ojos
apropiados, a fin de cuentas el color de la vida sólo depende de la tonalidad
de tu mirada.
Cuando por multitud de
razones lo vemos todo gris, cuando no negro, y tendemos a dejarnos arrastrar
por el pesimismo; cuando esa circunstancia nos aleja de la persona que somos o
determinados estímulos nos incitan a recorrer
caminos que no queremos o necesitamos, es el momento de parar y plantearnos qué
nos está ocurriendo, qué nos empuja a vivirlo de ese modo. La respuesta, por lo
general, es: nada (cuando responde, obviamente, a circunstancias cotidianas de
la vida), porque el conflicto que nos atenaza está en nosotros mismos y es el
que nos arrastra a magnificar las situaciones o a percibirlas de manera
equivocada.
