jueves, 17 de septiembre de 2015

Chipirones rellenos de espaguetis de calabacín sobre hummus negro de berenjena o el día que Europa se vistió de alambradas

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Refugiado, salvado, acogido, amparado, protegido, cobijado, guarecido, albergado, socorrido, auxiliado, defendido,…Desamparado, perseguido, acosado, hostigado,…
Víctima. Sin más.

Esta receta es por todos vosotros. Para todos los que habéis abandonado vuestra vida para poder seguir en ella.
No importa el país. No importa el hemisferio. Para todos.
Para todos los que escapáis de las tormentas para encontrar la calma.
Para los que huis del horror sin miedo a los horrores del camino.
Para los que tenéis el valor de hacerlo.
Para todos los que empezáis de nuevo.
Para los que marcháis sin conocer atajos.
Para todos.
Para todos los que avanzáis sin descanso frente a la mirada sin alma de quien no quiere entender y os hace sentir vergüenza sin saber por qué.
Para todos los que cargáis con un pasado en busca de un futuro donde poder volcarlo.
Para los que habéis doblado las prendas de una vida y guardado en la maleta.
Para los que plantáis cara a la vida con lo puesto.
Para los que lleváis a vuestros hijos de la mano, a hombros o en brazos y no miráis atrás.
Para vosotros, que defendéis sus cuerpos de los golpes con el vuestro.
Para los que calmáis sus miedos entre la multitud infinita en los caminos.
Para los que susurráis ‘tranquilo, cariño, que no queda  nada’.
Para los que os deslizáis por las rendijas de mil vagones sin próxima estación.
Para los que trazáis vuestro destino a pie por los raíles.
Para todos los que os desgarráis en concertinas infames.
Para el padre, el hermano, el hijo, el abuelo y el amigo que se siente despreciado en las fronteras.  
Para ti, que eres recibido con la asepsia impoluta, fría y fea de unos guantes protectores que refrenan el contagio del consuelo y prolongan las barreras.
Para todos los que surcáis el mar mecidos por la mano avara y asesina de esa mafia sin conciencia.
Para Aylan, que varado en la playa ojalá durmiera y cuyos ojos cerrados tantas carnes han abierto.
Para su madre y su hermano, que en la otra orilla le sonríen y le esperan. 
Para su padre, que ha llenado de lágrimas un mar muerto a este lado.
Para los que alcanzáis vuestro destino.
Para los que no lo lograsteis…
Para todos.

También para que esta Europa cínica y esquiva  no os abandone a la deriva.
Para que por una vez, y que sirva de precedente, esté a la altura de su ciudadanía.
Para que las mafias que os trafican se envenenen con la sangre que os derraman.
Para que el periodismo de zancadilla se haga penalti a sí mismo y se meta gol en propia meta.
Para que la guerra que os expulsa explote de una vez y los malos y lo malo se disipe con el viento.
Para que no tengáis que marchar.
Para que volváis cuanto antes a casa o lo que quede de ella.
Para que de nuevo podáis levantarla y por fin, con ella, rehacer vuestra vida.
 
Y mientras tanto, para todos vosotros, mi casa y esta receta: Chipirones rellenos de espagueti de calabacín sobre hummus negro de berenjena. Un hummus tan negro como el mar que surcáis, como los caminos que os habéis visto obligados a cruzar. Pequeños en la inmensidad de la distancia infinita que transitáis, pero cargados de ilusión y de esperanza en un futuro mejor simbolizado por el verde brillante y alegre del calabacín.
Para todos vosotros.

NECESITARÁS (para 4 personas)

  • 20 chipirones pequeños.
  • 1 calabacín.
  • 1 berenjena grande o 2 pequeñas.
  • 1 bolsa de tinta de calamar.
  • 1 diente de ajo.
  • Agua.
  • Aceite de oliva virgen extra.
  • Sal, pimienta y pimentón dulce de la Vera.


ELABORACIÓN

  1. Corta la berenjena por la mitad, hazle unos cortes, salpimienta y añádele un chorrete de aceite. Tápala e introduce en el microondas durante 12’-15’ ((según tamaño) o hasta que esté hecha. Una vez fría, extrae la pulpa con un tenedor, añade sal y pimienta y remueve bien, pero sin machacar, que quede con ‘cuerpo.
  2. Pela el ajo, quítale la raíz y pícalo muy fino. En una sartén con un poco de aceite sofríelo con cuidado de no quemarlo. Añade la berenjena y remueve bien. Incorpora la bolsa de tinta de calamar y continúa dándole vueltas para que adquiera un color negro. Si es necesario añade otra bolsita. Reserva.
  3. Con una mandolina de cocina pela el calabacín. Extrae posteriormente finas láminas con la mandolina hasta llegar a la parte de la semilla, que reservarás para otra elaboración. Coloca 3 o 4 unas sobre las otras y con un cuchillo ve dándoles finos cortes longitudinales para obtener los espaguetis de calabacín (si dispones de una mandolina con cuchilla dentada la obtención de 'espaguetis' será automática conforme cortas las láminas). Cuécelos al vapor durante 2' como mucho, no más, y pásalos a un bol con agua y hielo para cortar la cocción. Escurre, salpimienta y reserva.
  4. Limpia los chipirones y reserva las patas para otra receta. Con cuidado rellénalos con los espaguetis (te sobrarán). Salpimienta y ásalos en unas gotas de aceite por todo el perímetro.
  5. Emplatado: coloca un cordón de hummus negro y sobre el mismo los chipirones en vertical ‘clavados’ sobre el mismo. Espolvorea con un poquito de pimentón.

Umm, espectacular, sencillo y delicioso. A disfrutar.

NOTA

Este hummus de berenjena es una versión muy personal del auténtico mutabal, que es como se denomina a esta crema de berenjena, a la que, una vez asada, se le añade tahini, zumo de limón y 3 o 4 dientes de ajo muy picado, y que acompañado de piñones fritos o  nueces es delicioso.

MÚSICA PARA ACOMPAÑAR

Para la elaboración: Black, Pearl Jam
Para la degustación: Freedom, Anthony Hamilton & Elayna Boynton

VINO RECOMENDADO

Laderas rosado 14. DO Valencia

DÓNDE COMER

Ya que no puede ser en tu casa ¿qué te parece si montamos la comida en la mía?

QUÉ HACER PARA COMPENSAR LAS CALORÍAS

Después de una odisea como la que has vivido, que para sí la quisiera Ulises, una larga y relajada siesta será el ejercicio apropiado para una buena digetión.



domingo, 6 de septiembre de 2015

'Trompetas de ventresca y mozzarella' o el hombre que pescaba en los contenedores

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“Él empujaba el carrito y entre los dos cargaban las mochilas. En las mochilas había cosas básicas. Por si tenían que abandonar el carrito y echar a correr.”
Cormac McCarthy, “La carretera”

Sentado en la terraza de un bar veo acercarse a un niño y a un adulto que parece su padre. El niño rondará los 8 años. Van cogidos de la mano y el hombre arrastra con dificultades un carrito de la compra lleno de cachivaches de metal, cartones y toda clase de objetos recuperados de la miseria. El aura mate y grisácea que destila la indigencia envuelve sus ropas, aunque en la cara se les nota ese brillo con que sólo el amor es capaz de teñir el rostro (“… ¿Qué harías si yo muriera? Si tú murieras yo también querría morirme. ¿Para poder estar conmigo? Sí. Para poder estar contigo. Vale…”. No deja de golpear ‘La carretera’ en mi cabeza). Hablan y sonríen caminando lentamente mientras arrastra el carrito,  ajenos a una realidad que hoy les es extraña (probablemente ayer no) hasta llegar a la próxima estación del viacrucis de la pobreza al que la crisis les ha condenado: el contenedor situado enfrente de la terraza en la que me encuentro. El hombre saca un hierro largo del carro, enciende la linterna que lleva en la cabeza, levanta la tapa y hurga con él en su interior con la esperanza de pescar algo de valor. Mientras, el niño da pequeños saltos y canturrea. Nada. Apaga la linterna, deja la ‘caña’ de hierro en su sitio, cierra la tapa, coge de nuevo al niño de la mano y se alejan en su peregrinar cotidiano hacia la siguiente estación en busca de objetos que alimenten el estómago del carrito y los suyos propios.

Es uno de los nuevos oficios que ha dejado la crisis, y ellos sus víctimas. Dos más. Atrapados en la miseria. Son  buscadores, recuperadores de basura, chatarreros. Oficios de postguerra en versión postmoderna. Oficios no escogidos, impuestos por la cruel necesidad. Vidas abocadas a subsistir de la miseria en el día a día de la calle. Con su carrito de la compra o con varios de ellos cogidos por cadenas y formando el pequeño tren del infortunio y la pobreza; o circulando en bicicleta con un cajón en el transportín. Los trabajos del subdesarrollo. Las labores del excluido.

Hay veces en que la vida es tan dura que sin darnos cuenta nos convierte en los personajes principales de la novela en que se ha convertido nuestra propia existencia. Un argumento impuesto a golpe de mala suerte y de injusticias, donde los protagonistas apenas si perciben la dimensión del relato que protagonizan engullidos por el peso de la supervivencia. No hace falta buscar personajes de épica crepuscular en las historias, conviven con nosotros y estamos tan acostumbrados a ellos como ellos mismos a sus vidas. Porque entre soñar vidas de novela y vivir la vida como un sueño lleno de pesadillas, no hay más distancia que la que separa al que posee del desposeído, al que está dentro, del excluido.

Miras y sigues caminando ajeno a esta realidad, hecho a ella. O sigues sentado en la terraza del café observando y sin hacer nada que no sea conmoverte. Nada peor que la indiferencia o la aceptación resignada; nada tan inútil. Pero ¿qué hacer para que ese niño con su padre abandonen el carrito y la carretera? (cualquiera de nosotros podría estar arrastrándolo de no haber tenido más suerte que ellos). Y no se me ocurre nada, y por alguna razón que se me escapa me avergüenzo.

Y entretanto aquí sigo, bebiéndome la cerveza y observando cómo se alejan.

Esta receta es para vosotros dos y para aquellos a quienes el infortunio ha arrastrado a esta situación. Os la merecéis como nadie, del mismo modo que no os merecéis la mala suerte que habéis tenido. Al menos no más que los demás. Que menos que este homenaje en vuestro nombre: Trompetas de atún y mozzarella, un trompetazo a quien corresponda, a modo de llamamiento, para que os ayude a abandonar el carrito y echar a correr hacia un futuro mejor. Unas trompetas de oblea rellenas de ventresca, tomate y mozzarella que combina la frescura del primero con la untuosa suavidad del atún y el queso, para llenar de color y sabor un bocado sencillo y exquisito que no dejará indiferente a nadie.

Que la disfrutes.

NECESITARÁS (para 4 personas)

  • 1 lata de ventresca.
  • 1 paquete de obleas para empanadillas.
  • 25-30 tomatitos cherry de diferentes tipos.
  • 5 tomates secos.
  • Un puñado de piñones.
  • La yema de un huevo.
  • Unas hojas de rúcula.
  • 1 mozzarella.
  • Sal, pimienta y aceite de oliva virgen extra.
  • Tomillo picado.


ELABORACIÓN

  1. Precalienta el horno a 200ºc. Coloca las obleas sobre moldes cónicos para darles esa forma y obtener nuestras trompetas. Presiona los bordes para que queden selladas al hornear y píntalas con la yema batida del huevo. Introduce en el horno unos 6’-7’ o a esta que veas que están doradas. Sácalas, deja que se enfríen, quítales el molde y reserva.
  2. Lava y corta los tomatitos en mitades o cuartos según sea su tamaño y saltéalos junto a los pimientos secos cortados a trocitos en unas gotas de aceite. Salpimienta.
  3. En unas gotas de aceite sofríe los piñones.
  4. En un bol introduce los tomates, los piñones y la mozzarella cortada a trocitos. Rectifica de sal y espolvorea con el tomillo picado.
  5. Introduce dentro de cada trompeta unas hojas de rúcula, una lasca de ventresca y completa con los tomates, los piñones y el queso.
  6. Emplatado: servir las trompetas sobre brotes verdes o rúcula.

Umm, sencillo, fresco, ligero, económico y exquisito. A disfrutar. 

NOTA
Es conveniente comerlos recién rellenados para evitar que la ‘trompeta’ se ablande. El queso feta acompaña perfectamente en este bocado, del mismo modo que la albahaca fresca y picada o el orégano. Puedes sustituir la ventresca por atún o anchoa.

MÚSICA PARA ACOMPAÑAR

Para la elaboración: Gerdundula, Status Quo
Para la degustación: It’s a sin to be rich, it’s a low-downshame to be poor, Lightnin Hopkins

VINO RECOMENDADO

Señorío de Sarria rosado 13, DO Navarra.

DÓNDE COMER

En mesa redonda y servidas al centro, las trompetas a un lado y el relleno a otro, que sea cada comensal quien participe en su elaboración y su degustación motivo de la conversación que la acompañe. Quedan de maravilla para un día soleado de picnic acompañadas con el vino bien fresquito.    

QUÉ HACER PARA COMPENSAR LAS CALORÍAS

Siendo un bocado tan ligero, levantarse a toque de trompeta a buscar más en cuanto se acaben las de la mesa será tarea suficiente que lo compense.





viernes, 28 de agosto de 2015

Cuscús 'Al Libre Albedrío', una apología de la imperfección

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Es agotador. Vivimos unos tiempos en que la perfección está tan sobrevalorada que sucumbimos sepultados por su peso. Ser perfectos se ha convertido en una deber que la sociedad nos ha impuesto, una dura tarea cuya presión es de tal magnitud que nos atrapa en un imposible y suicida intento de llegar a todo y además hacerlo bien. Se espera de nosotros que tengamos un cuerpo perfecto y una salud perfecta (convirtiendo la salud en una obligación y no un derecho que nos haga más rentables a las arcas del estado); que seamos la pareja, el amante y el padre perfectos, al mismo tiempo que trabajadores perfectos (aunque su conciliación con la vida familiar sea una fantasía). Que seamos socialmente perfectos en una sociedad de ciudadanos perfectos, perfectamente sometidos.

Y esa búsqueda de la perfección en todo lo que somos y hacemos puede llegar a ser tan estresante, si no cejamos en el empeño de tanto en tanto, que podemos acabar enfermando al convertirse ese propósito en una fuente de conflicto interno insoportable. Menos mal que tenemos las tentaciones como válvula de escape y paramos con frecuencia a echar unas cañitas en ellas (por algo somos imperfectos). Es más, por favor, ¡Avisadme si no caigo en la tentación de pecar! Porque a la postre, si la imperfección y el conflicto inherente nos define, la tentación nos humaniza tanto como aquella.

Es la obsesión por la perfección la que nos daña. Sin embargo, reconocer nuestra imperfección y asumirla es el recurso indispensable que nos ayuda a evolucionar. Decía Rita Levi-Montalcini en su exquisito “Elogio de la imperfección”, que la ventaja de creer en ella en todo lo que emprendemos representa el estímulo para mejorar y superarse. Y aceptar esta premisa necesariamente nos acerca a los demás y nos hace más humildes, en un viaje donde la esperanza en la mejora de nosotros mismos lo llena todo.

También decía que “En lugar de añadir años a la vida, es mejor añadir vida a los años”. Lo dijo a sus 103 años, convencida de ello y de las imperfecciones que le impulsaron a llegar a esa meta y a lo que fue. Así que apliquémonos el cuento y empecemos a tomar las nuestras como oportunidades de mejora y esencia de nuestra personalidad; sin más agobio impuesto que el crecimiento personal, asumiendo su relevancia como motor para perfeccionarnos y sin miedo de ‘pecar’ cuando el camino se nos hace demasiado cuesta arriba. Porque la imperfección, la equivocación, no llegar a todo y aceptarlo, al fin y al cabo, no solo forman parte de la existencia, sino que llenan en gran medida el vaso que la contiene, convirtiendo la vida, paradójicamente, en una experiencia perfecta.

El plato de hoy, como todo en esta vida, se puede perfeccionar, en tu mano está el hacerlo, pero te aseguro que te saca del paso con solvencia y a mí me dejó en buen lugar. Es una versión libre de lo que entendemos por un cuscús, que se ajusta perfectamente imperfecto a la idea ortodoxa que tenemos de mismo: Cuscús al ‘Libre albedrío’; es decir, cuscús elaborado con lo que pillas por la nevera y lo que tengas por los armarios. Y he de reconocer que el resultado sorprende gratamente por lo buenísimo que está. Si “con diez cañones por banda, viento en popa, a toda vela, no corta el mar, sino vuela, un velero bergantín (…)”, con un puñado de granos de cuscús, dos berenjenas y dos codornices deshuesadas, esta receta despega como el Apolo XI en vuelo directo a los órganos sápidos del placer. Un plato original, ligero y sabroso, que sorprenderá a todos, incluso a aquellos que tienen en la ortodoxia y la perfección su única bandera.

Que lo disfrutes.
   
NECESITARÁS (para 4 personas)

  • 300 g de cuscús.
  • 1 lata de codornices en escabeche.
  • 2 berenjenas grandes.
  • El mismo volumen de caldo de pollo que de cuscús.
  • Harina de tempura.
  • Sal y pimienta.
  • Aceite de oliva virgen extra.


ELABORACIÓN

  1. Vierte el cuscús en un bol, calienta el caldo y échaselo. Remuévelo con frecuencia para que vaya soltándose poco a poco. Añade sal y pimienta al gusto y un chorrete de aceite de oliva virgen extra para que quede perfectamente suelto y suave.
  2. Pela las berenjenas y córtalas en discos de medio cm de grosor aproximadamente. Salpimienta y pásalas por la harina. En una sartén con abundante aceite muy caliente ve friéndolas por tandas. Pásalas por papel absorbente para eliminar el exceso de aceite.
  3. Deshuesa las codornices.
  4. Emulsiona el caldo del escabeche con el trocito de puerro o la hortaliza que presente la lata en la batidora.
  5. Emplatado: en un tajine o fuente apropiada dispón en el fondo el cuscús, sobre el mismo la berenjena formando círculos concéntricos y en el medio la codorniz deshuesada. Añádele parte de la salsa al hilillo por encima.

Umm, facilísimo y espectacularmente delicioso. A disfrutar.    

NOTA

Puedes hidratar el cuscús sólo con agua o hacer el caldo tú, yo he utilizado uno de tetrabrik y ha salido perfecto. Por supuesto, la perdiz, el pollo o el conejo en escabeche deshuesados le irán del mismo modo perfectos. Un par de huevos fritos por encima y después rotos le dará un toque insuperable.

MÚSICA PARA ACOMPAÑAR

Para la elaboraciónDon't stop til you get enough, Anthony Strong
Para la degustación: Creep, Vintage Postmodern

VINO RECOMENDADO

Marqués de Chivé tinto crianza 11. DO Utiel-Requena

DÓNDE COMER

En mesa grande, rodeado de amigos o familiares que propicien la buena cháchara. Sírvelo al centro, rompe y mezcla todos los ingredientes, sirve y que alucinen.

QUÉ HACER PARA COMPENSAR LAS CALORÍAS
A penas nada, salvo unos cuantos aspavientos para elogiar la pitanza y tal vez bajar al sótano con algo más de energía de lo habitual a por algo más de vino.




jueves, 20 de agosto de 2015

Gazpacho 'Antihisteria' o la maldición del 'todo incluido' y la pulsera fosforescente

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La escena es la siguiente: Dos amigos se acercan a la barra. No paran de hablar y contarse confidencias, y de tanto en tanto sueltan carcajadas que acompañan de un amplio repertorio de gestos y movimientos. En cuanto el camarero se percata de ellos piden dos gintónic. Una vez servidos, ambos levantan la mano y enseñan la pulsera verde fosforescente que llevan cogida a la muñeca. “Esto es vida, Manolo. Para vivir así mejor no morirse”, dice uno riendo abiertamente; y se alejan desplazando las barrigas hasta su hamaca junto a la idílica piscina.
Son las 11 de la mañana de un día cualquiera de agosto que va a transcurrir como lo han hecho todos los de la semana anterior: al ritmo pausado pero constante de una barra libre inagotable y sin otro horizonte que la naturaleza artificial que el resort les ofrece. Tampoco buscaban más, y la experiencia vacacional se convierte en una suerte de ‘Los juegos del hambre’, si bien de la abundancia y en agosto, en este caso en el espacio acotado de un hotel, pero también de una plaza de pueblo, donde el ganador es aquel capaz de sacar el mejor partido a una pulsera fosforescente.  

Dicen que la pobreza imprime carácter y tarda tres generaciones en superarse, aunque se haya salido de ella hace muchos años. Que determinados comportamientos que caracterizan a aquellos que unas generaciones atrás no poseían nada o muy poco, de una u otra manera, permanecen grabados en la memoria genética de los descendientes hasta que se diluyen. Tal vez por eso, en un país que hasta hace no tanto tenía que quitarse el hambre a manotazos y emigrar para comer mejor, debería regularse el uso indiscriminado de las pulseras y el todo incluido por pura salud física y estética de sus ciudadanos. De hecho, es extraño que a ningún político se le haya ocurrido, con esa avidez reguladora que les caracteriza y su afán de convertir la salud, más allá de un derecho en una obligación que alivie las maltrechas arcas públicas. No hay más que asomarse en agosto a las plazas de los pueblos y sus bares, a los resort de las costas caribeñas o a cualquier buffet libre asaltado por jubilados o nietos de famélicos agricultores y obreros de postguerra, para certificar su necesidad. Del ‘me doy el atracón ahora que tengo por si no puedo comer mañana’ al ‘me lo bebo y me lo zampo todo que lo tengo tó pagao’ no hay más que una línea muy fina que separa otros tiempos, pero actitudes similares. O lo que es lo mismo, el lema del pobre: ‘Antes reventar que sobre’. 

Y es que la pulsera y el ‘todo incluido’ hechizan y enajenan por igual. “Mi tesoro” decía Gollum; “Mi pulsera”, dice quién la lleva puesta a la muñeca. Con una gran diferencia entre ambos: mientras aquel la protege contra su cuerpo, éste la exhibe a todas horas hasta quemar todas las naves. Porque si el todo incluido da derecho al asalto del bar y el comedor en el resort, o a 5 comidas, 20 consumiciones, 3 toros embolados en preferente y 4 discomóviles con barra libre en un pueblecito pintoresco, lo que está demostrado es que hasta que no se dé por saciado jamás se retirará. Y darse por saciado es muy difícil cuando todo está incluido, incluso la posibilidad de quedarte en el sitio de un atracón en una suerte de suicidio consciente e inducido.

Porque la pulsera da derechos, pero sobre todo obligaciones. Y esa es la trampa. Da derecho a todo lo que se haya abonado con su adquisición, sí, pero te obliga inconscientemente a no saltarte ningún acto ni dejar nada en el plato o en el vaso, estableciéndose así una relación perversa entre ella y quien la posee, que lejos de darle libertad le convierte en su esclavo y en el protagonista de un espectáculo donde el consumo compulsivo es el tema central.
De tal modo es así, que unas vacaciones en un resort idílico de cualquier lugar paradisíaco del planeta o en la coqueta plaza de un bonito pueblo de nuestra geografía, convierte ese espacio en un agujero negro que sume la voluntad de quienes lo habitan destrozándoles un cuerpo cuidado con esmero a lo largo del año. Es el ‘efecto burbuja’, que aísla y no deja entrar los ecos de la realidad, pues la transforma hasta crear otra paralela que asumes en cuando la habitas, pero que no es más que una ilusión que se rompe en cuanto te enfrentas a la vida real.
 
Cuando regresas a la nave nodriza de la vida cotidiana después de una incursión vacacional de estas proporciones, además de más rollizo vuelves como abducido y sin una conciencia clara de la magnitud del desastre (de hecho, no es el mejor momento de someterse a un análisis de sangre). A fin de cuentas, desabrocharse los pantalones con frecuencia porque te ahogabas cuando estabas sentado, no era más que un síntoma pasajero que estabas convencido ibas a controlar con una hora de aquagym o caminando por la montaña un rato, además de con dos tragos de agua por las mañanas, por supuesto. Es en ese momento, frente al espejo de tu casa (porque los espejos en vacaciones se confabulan para engañarte) donde la realidad te pone en tu sitio y todas aquellas copas, aquellas tapas desmesuradas, las comidas sin freno y las risas en el catafalco o junto a la piscina con el gintónic en la mano, pasan por tu cabeza como las secuencias ininterrumpidas de toda una vida antes de morir…y casi lo deseas. Y es entonces, espantado ante la visión de lo que fue y lo que es, cuando piensas en la imperiosa necesidad de someter tu cuerpo a terapias de choque de lo más inverosímiles y de ulular mirando al cielo por no mirarte, mientras gritas “¿Pero, quién es éste? ¡Ése no soy yo!”. Por fin has llegado a casa. Se acabaron las vacaciones. Bienvenido a la realidad.

Precisamente por ello, para que el paso del Rubicón no sea una travesía dolorosa y el regreso a tu futuro transcurra sin sobresaltos, hoy te propongo esta receta: Gazpacho ‘Antihisteria’, el gazpacho reponedor que sacará de nuevo el brillo en tus mejillas ajadas después de tanto abuso y te ayudará a rebajar los excesos de los días anteriores sin echar mano de alternativas extremas. Una receta fresca, nutritiva y deliciosa que combina las virtudes del gazpacho tradicional con las de la manzana y el melón. Un primer plato lleno de colorido y vitaminas, con te saciará y deleitará a partes iguales, con el aliciente de poder elaborarlo en un auténtico ‘plisplás’.

Que lo disfrutes.  

NECESITARÁS (para 4 personas)

  • 1 l de gazpacho envasado.
  • 1 manzana grande (ácida, mejor).
  • 1 huevo duro.
  • 2 cortadas de melón.
  • Semillas de sésamo negro.


ELABORACIÓN

  1. Pela y corta la manzana en trocitos. Introduce en el vaso batidor junto al gazpacho y bátelo hasta conseguir una crema fina y homogénea.
  2. Corta el melón en trocitos pequeños. Procede igual con el huevo duro.
  3. Emplatado: en un bol vierte el gazpacho y añade por encima los trocitos de melón y huevo. Decora con las semillas de sésamo.

Umm, económico, riquísimo e impresionantemente sencillo de realizar.

NOTA

Por supuesto puedes realizar el gazpacho tú, estará más bueno probablemente y a tu gusto, pero como te lo presento está muy bueno y nadie echara de menos el casero. Puedes añadir en lugar de melón o junto al mismo, trocitos de manzana, pepino, tomate, etc., quedarán también perfectos en esta crema.  

MÚSICA PARA ACOMPAÑAR

Para la elaboración: Pastime Paradise, Ray Barretto.
Para la degustación: Summertime, the Zombies.

VINO RECOMENDADO

Laderas blanco 14, DO Valencia

DÓNDE COMER

En el lugar más alejado del mundanal ruido, y al abrigo de charangas, fiestas, discomóviles o ritmos caribeños, sólo o en compañía de cómplices que como tú han invertido en ese ambiente todo su tiempo los días pretéritos.


QUÉ HACER PARA COMPENSAR LAS CALORÍAS

¿Después de las semanitas que te has pegado con la pulsera fosforescente a la muñeca me lo preguntas? ¿Qué más da que sea un gazpacho? Anda, no remolonees, ponte las zapatillas y sal a correr un poquito, que de verdad…




viernes, 31 de julio de 2015

Pimientos sodomizados de tortilla o ¿Qué pasaría si volviésemos a la peseta?


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Estos días atrás en los que tanto se ha hablado del abandono de Grecia de la zona euro y las consecuencias suicidas que supondría la vuelta al dragma para su economía y la ciudadanía, en caso de elegir soltar la mano caritativa de los dioses protectores del Olimpo europeo, me he preguntado qué sería de nosotros si volviésemos a la peseta.

Desde luego, después de ver cómo ese Zeus llamado Alemania le ha tendido la mano y con el pie le pisaba el cuello, mientras el resto de diosecillos menores la mantenían sujeta al suelo, sería para pensárselo. Si después de tanto paripé, de tanto órdago a grandes y a chicas, han decidido no cruzar el Rubicón, qué negro lo habrá visto Grecia y qué averno de pobreza tan grande habrán intuido para asumir la humillación, al menos de cara a la opinión pública, de un despiadado, despreciable y omnipresente Olimpo europeo.

Debe dar auténtico pánico asomarse al abismo del infierno financiero. Al menos solo. Al menos sin Europa. Dicen que la debacle: Lo primero que sucedería sería una fuga de capitales impulsados por el pánico, y acto seguido, el gobierno, para evitar la parálisis financiera pondría restricciones a la retirada de dinero, es decir montaría un ‘corralito financiero’. ¿Cómo nos afectaría? Pues que aunque tuviéramos dinero en el banco (toda una proeza en los tiempos que corren) no podrías acceder a él o lo harías con cuentagotas, que es lo primero que hizo Grecia ante el anuncio de las elecciones. Y lo peor, la nueva moneda se depreciaría, con lo que seríamos tanto más pobres cuanto mayor fuera su pérdida de valor respecto al €, perdida estimada entre un 25-50%. Es decir, que todo lo que poseyeras valdría muchísimo menos, aunque la deuda contraída por haberlo obtenerlo seguiría siendo la misma, al estar en euros. Prácticamente todos los ciudadanos estaríamos condenados al impago, del mismo modo que el gobierno y las grandes empresas que se financian en el exterior, lo que se conoce en el argot financiero como default. Eso sí, mejorarían las exportaciones y el turismo; jo, qué suerte.

Menuda como nos la metieron el 1 de enero de 2002 con la entrada del euro y los cuentos de una moneda común en una Europa unida. Nos propusieron matrimonio, pero sin posibilidad de divorcio, y aceptamos sin saberlo aunque la convivencia fuera un infierno, y nada más comenzar a vivir juntos ya nos empobrecimos por encima de nuestras posibilidades. Así, sin vaselina ni antidepresivos. Y de este modo, de un día para otro, el café que costaba 100 ptas., pasó a valer 1€, y el menú de 1000 ptas., pasó a costar12€, del mismo modo que una barra por la que pagábamos 30 ptas., se cotizaba después a 0’85€. Y no fue sólo el comercio quien infló los precios, que el estado no perdió un segundo en unirse a la fiesta de subir el precio a sus servicios. Claro que, como no llevábamos tarjeta de equivalencias, ni nos enteramos, éramos unos felices infelices que a duras penas llegaban a fin de mes, porque, eso sí, ninguna nómina pasó de llamarse 100.000 ptas. a 1000€, que hubiera sido el trueque justo.
     
Y es que las cosas suenan mejor en decenas, centenas o millares que en unidades. O al menos se entienden más rápido. No es lo mismo pagar por un piso 240000€ que 40000000 millones de ptas.; o por un botellín de cerveza 3€ que 500ptas.Vamos, que si te dice un camarero hace unos años que le dieras ‘medio talego’ por el tercio, las carcajadas se iban a oír por toda la provincia.
La verdad es que uno no puede dejar de recordar con cierta nostalgia aquellos tiempos en que salir con 5000 ptas. en el bolsillo te permitía alcanzar la madrugada con relativa solvencia y daban más seguridad a tu cartera que un ‘mascachapas’ a la puerta de una discoteca. Casi lo mismo que los 30€ que suponen al cambio hoy en día. Porque el Euro, además de una nueva moneda supuso un cambio de época que nos hizo pasar del “¡esta ronda la pago yo!”, así, con alegría y sin miramiento, al “que cada uno se pague lo suyo, que no veas lo que cuesta aquí una caña”, a la velocidad del rayo.
 
Afortunadamente, ya nadie cuenta en pesetas ni traduce el precio de lo que paga a pesetas. Ni siquiera los más viejos del lugar. Ha sido una adaptación forzosa por una cuestión de salud mental: correríamos el riesgo de ser ingresados en urgencias de un ataque de ansiedad (o indignación) provocado por el susto que nos llevaríamos.
Y es que al final va ser por eso por lo que ningún estado quiere abandonar el euro: porque con esa enorme magnanimidad de la que hacen gala sólo miran por nosotros y nuestra salud mental, no vayamos a llenar los hospitales ahora que andan escasos de personal.

En  fin, que sí, que nos la metieron bien con el € y ahora ya no podemos hacer nada. Igual que se la han metido a estos pimientos, pero en este caso con más miramiento y por supuesto con mucho mejor gusto: Pimientos sodomizados de tortilla de patatas. Unos pimientos que guardan en su interior la tradición de un plato por excelencia de nuestra cocina, como lo fue de nuestra economía la peseta durante tantos años. Lleno de cabo a rabo; aprovechando hasta el último céntimo. Una tortilla como las de siempre, pero presentada de forma diferente y que combinada con el color y el sabor intenso del pimiento no dejará indiferente  nadie que se siente delante de ella.

Que los disfrutes.

NECESITARÁS (para 4 personas)

  • 4 pimientos verdes italianos.
  • 2 patatas.
  • 1 cebolleta.
  • 2 huevos.
  • Aceite de oliva virgen extra para freír las patatas y la cebolla.
  • Sal.
  • Una pizca de romero (opcional).


ELABORACIÓN

  1. Lava y corta en trocitos las patatas y la cebolleta. En una sartén con abundante aceite sofríelo todo hasta que quede bien pochado. Añade sal al gusto y la pizca de romero.
  2. Cuélalo del aceite y deja que se enfríe. Es muy importante que se enfríe la mezcla, si no a la hora de incorporar los huevos se cuajarán. Bate los huevos e incorpóralos. Remueve bien para que quede una mezcla homogénea.
  3. Lava los pimientos, córtales la parte superior y elimina todas las semillas. Rellénalos con la mezcla procurando que se reparta perfectamente por su interior.
  4. En el mismo aceite donde hemos hecho las patatas y la cebolla los sofreímos, dándoles la vuelta con frecuencia para que se hagan bien y procurando que no se salga la mezcla. Cuando la tortilla cuaje ya están. Retirar, pasar por papel absorbente y servir.
  5. Emplatado: sírvelos enteros o cortados en rodajas espolvoreados de escamas de sal.

Umm, sencillísimo, exquisito y por ‘dos pesetas’.

NOTA

Si los pimientos son muy grandes utiliza una patata y un huevo más. Puedes preparar tu  tortilla como más te guste y rellenarlos posteriormente; con calabacín y patata, por ejemplo, queda buenísimo también. Una vez hechos, envueltos con finas lonchas de jamón serrano y cortados posteriormente, quedan exquisitos.


MÚSICA PARA ACOMPAÑAR

Para la elaboración: ¡Adiós!, Jorge Marazu
Para la degustación: Si tú te vas. Platero y tú.

VINO RECOMENDADO

Los Molinos, tempranillo tinto 13. DO Valdepeñas

DÓNDE COMER

Lo miremos en euros o en pesetas aún hoy ir a la playa o a la montaña es gratis (salvo exclusivas excepciones). Así que en mesita de camping, silla plegable y bajo sombrilla o toldo, que éste es plato muy de pasear en fiambrera y compartir, que siempre te dejará de maravilla allá donde lo pongas.

QUÉ HACER PARA COMPENSAR LAS CALORÍAS

Levantarte de la silla y pasear a buen paso por la orilla de la playa o la montaña será faena suficiente que mantenga la lorza a raya, además de todo un placer.




lunes, 20 de julio de 2015

El bar-restaurante del monasterio de Sto Espíritu (Gilet, Valencia) o el placer de comer en plena naturaleza

Si subir al monasterio de Sto Espíritu ya de por sí es un gustazo por la preciosidad del entorno y la tranquilidad que se respira, desde que han reconvertido el bar de toda la vida en bar-restaurante es todo un placer: una cervecita bien fría en su terraza al calor del sol en invierno o de la sombra en verano, en medio de una naturaleza agreste rebosante de colores rojizos y verdes, con los sonidos de la naturaleza y de las campanas envolviéndote, no tiene precio y es mucho más relajante que largarte a un monasterio tibetano, además de más barato.

Para quien no lo conozca se lo recomiendo de todas todas. Lo han arreglado con gusto y es tan bonito el interior como relajante su terraza, en la placita frente al monasterio.   Emilia, la propietaria, es soprano y además de cantar de maravilla y recibirte con música clásica y ópera, se desvive por agradar en todos los sentidos, especialmente el gusto, y para ello cuenta con una cocina solvente y con muchas ganas de funcionar y hacerlo bien, que elabora con esmero una carta de tapas y entrantes bien seleccionada, bocatas y platos principales muy cuidados y postres caseros. La carta de vinos es escueta, pero con vinos de Utiel-Requena en su mayoría, bien seleccionados. Elaboran además unos gin tónic perfectos y muy bien servidos, doy fe de ello.

Abre los fines de semana desde la tarde del viernes y cierran a las 11 de la noche. Dado el enclave privilegiado en que se haya tienes multitud de opciones: desde subir a almorzar y hacer una ruta, a hacer coincidir su final con la hora de la comida y disfrutar de su carta. Por supuesto sirven cenas, y si te da mal rollo coger el coche después, tienes la opción de pasar la noche en una de las habitaciones del propio monasterio, donde el descanso lo tendrás garantizado y habrás convertido la noche en todo un planazo. O simplemente subir, caminar un poco, y tomarte unas cervezas y unas tapas en el interior del local o en su terraza, disfrutando del paisaje y la tranquilidad.

Para comidas o cenas es conveniente reservar. Los teléfonos de contacto son: 619849789 y 96 2760049

Sin dudarlo todo un acierto acercarse a conocerlo. Muy recomendable y en un entorno inigualable.

Aquí te dejo un aperitivo sonoro de lo que ofrece Emilia: Ámame

Que lo disfrutes.

jueves, 16 de julio de 2015

Latita 'Apretá' de mejillones y cuscús o cuando ir a la playa es cosa de valientes



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Los que vivimos al lado del mar lo sabemos: si no quieres parecer de fuera hay dos ocasiones en verano en las que jamás has de bajar a la playa: cuando hace poniente y cuando es domingo. Es algo que va impreso en nuestro código genético, porque desde que tenemos uso de razón siempre nos han dicho: “pero dónde vas con la que está cayendo, ¿pero no ves el poniente que hace? Anda, siéntate ahí y ni se te ocurra abrir la ventana”. Y esta frase, repetida verano tras verano, poniente tras poniente, imprime tanto o más carácter que el pelo enredado de salitre o las sandalias de goma para andar por las piedras de la escollera.

Tampoco bajamos a la playa los domingos porque ese día nos arrinconamos en otros lugares y nos saltamos la marabunta que se concentra sobre la arena, a no ser que recibamos la visita de la familia (de fuera, por supuesto) o que por cuestiones de trabajo no hayamos podido pisarla en toda la semana, y aun y con esas te lo piensas.

Por supuesto a los de playa también se nos ve el plumero cuando vamos a la nieve. Yo he visto esquiadores de costa subir las pistas sin arrastre con la sola ayuda de una ventisca de fuerza 5; y bajarla a ciegas y con viento a favor; así, con un par. Y estoy convencido que el código genético de los naturales de aquellas latitudes también llevará impreso un mensaje similar al nuestro, algo así como: ‘prohibido esquiar con ventisca y los domingos que amanecen con un sol espectacular’.

Porque no nos engañemos, cuando tiramos de tarjeta y nos pagamos una escapadita, lo suyo es que haga buen tiempo, pero si no es así, nos la trae floja: cerramos los ojos y la boca para evitar tragarnos media playa si hace poniente o la nieve de una cumbre entera con ventisca, y punto. Eso sí, nosotros ahí, como los campeones: o sobre la toalla o sobre los esquís, pero en el tajo, que para eso hemos pagado.

Si has reparado en el detalle, al comenzar el relato he dicho “bajar a la playa”. La razón es muy simple: igual que los de montaña suben a las pistas (los pijos, de fuera, claro, dicen subir a pistas, a Pirineos, a Alpes, como si de ese modo se identificaran más con ellas, pero nosotros, por más que la sintamos como propia,  jamás bajamos a playa, la respetamos demasiado) los que vivimos al lado del  mar, digo, no vamos a la playa, sino que bajamos, aunque residas tan cerca de la orilla que el agua moje la alfombra a los pies de tu cama. Y esa es otra gran diferencia entre quien es del terreno o es de secano, porque no es lo mismo bajar que venir. A nuestra playa en particular vienen muchos madrileños, y llegado el caloret, por tradición decimos que la playa ya está hasta la bandera de madrileños, término que utilizamos de manera genérica para designar tanto a madrileños de Madrid, como a madrileños extremeños, leoneses, aragoneses o de cualquier lugar de la agrosfera. De hecho, nos vienen tantos madrileños de Aragón que los avisos en la playa  por megafonía siempre comienzan con un esclarecedor “Atención señores ‘mañistas’…”.

Y es que nosotros, no los que vamos sino los que bajamos a la playa, lo tenemos claro: si las bicicletas sí son para el verano, los domingos no son el día más indicado para darse un chapuzón, porque poner un pie en la orilla puede convertirse en una empresa más complicada que pisar la luna por primera vez. Tanto, que cuando lo haces comprendes que tal vez haya sido un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para tu humanidad, y te identificas como nadie con Neil Armstrong, pero sin traje espacial. Por supuesto, su bandera es tu sombrilla, y si no eres capaz de colocarla con tanta solemnidad y glamour como aquel es porque el espacio se cotiza más caro que en la Milla de Oro, y los 2 m2 que has avistado requieren de un salto reflejo y en plancha para evitar competidores, pues sortear los obstáculos hasta llegar a él te haría perder tanto tiempo que cuando llegases lo más probable fuera que ya hubieran edificado otra sombrilla, una nevera, 3 bolsos y unas cuantas toallas alrededor.

Por todo ello, hoy que es domingo me quedaré en casa preparando la comida e imaginando una playa desierta de aguas transparentes y fresquita…al resguardo del aire acondicionado, por supuesto. Y para evocarla nada mejor que esta receta: Latita ‘apretá’ de mejillones y cuscús. Unos mejillones tendidos al sol sobre una mullida arena de cuscús. Una metáfora del agobio playero-dominguero llevada al plato, donde la sutil carne del mejillón se mezclará con los granos de cuscús, como la arena se pega a nuestro cuerpo, para, lejos de molestar, potenciar su sabor, acompañado de una ‘after sun’ levemente picante que redondeará las sensaciones a cada bocado.

Que la disfrutes.

NECESITARÁS (para 4 personas)

  • 32-36 mejillones, según tamaño.
  • 100 g de cuscús.
  • ½ cebolleta.
  • 3 dientes de ajo.
  • 1 hoja de laurel.
  • ½ cucharadita de pimentón dulce de la Vera.
  • 1 limón.
  • Aceite de oliva virgen extra.
  • 4 cucharadas de tomate frito.
  • ½ guindilla (opcional).
  • Sal, pimienta, comino, hierbabuena y perejil picados.
  • 3 pimientos asados del piquillo.


ELABORACIÓN

  1. Limpia bien los mejillones y quítales la ‘barba’. Ponlos en una cazuela junto a dos dientes de ajo troceados, las hojas de laurel, el pimentón, un poco de hierbabuena picada, el zumo de limón y el resto del mismo troceado. Ponla al fuego y retira cuando todos los mejillones se hayan abierto.
  2. Retira la carne de las conchas y cuela el caldo que han soltado. En una cazuela vierte el mismo volumen de caldo bien caliente de los mejillones sobre el cuscús. Ve removiendo de tanto en tanto hasta que quede muy suelto. Añádele sal, comino, pimienta y hierbabuena al gusto y un chorrete de aceite. Remueve de nuevo y reserva.
  3. En una sartén con un poco de aceite sofríe la media cebolleta junto al ajo bien picaditos y la ½ guindilla. Cuando ya esté pochado, retira esta última y añade el tomate frito. Rectifica de sal da una vueltas y reserva.
  4. Corta los pimientos en trocitos. Reserva.
  5. Emplatado: dispón en el fondo de una lata de conserva de servicio un poco de pimiento cortado bien extendido, sobre el mismo dos cucharadas de cuscús con un cordoncito de salsa encima, y culminando los mejillones con su salsa. Espolvorea de perejil.

Umm, una auténtica delicia, muy fácil de hacer, económica y muy, muy resultona.

NOTA

Si no dispones de latas de conserva puedes valerte de un molde de cocina y montar el plato igual. El plato se sirve tibio, vamos, a temperatura ambiente, por lo que haz primero el sofrito y reserva los mejillones en el resto del caldo mientras elaboras el cuscús.

MÚSICA PARA ACOMPAÑAR

Para la elaboración: Showroom Dummies, Señor Coconut
Para la degustación: Surfin USA, The Beach Boys

VINO RECOMENDADO

Bach Viña Extrísima rosado 13. DO Cataluña

DÓNDE COMER

Por supuesto en casa es una opción acertada, pero servida en mesita de camping en medio de una playa atestada y a las 2 de la tarde te convertirá en la estrella indiscutible de cuantos te rodean y en objeto de miradas envidiosas.

QUÉ HACER PARA COMPENSAR LAS CALORÍAS

Es bocado liviano, así que un par de intentos por ganar la orilla desde tu silla plegable saltando toallas y sorteando sombrillas, será ejercicio suficiente.




viernes, 10 de julio de 2015

Cuando la chufa no es sólo horchata

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Ajoblanco con horchata, chipirones rellenos de espagueti de calabacín y ajoaceite de aceite de chufa, secreto ibérico sobre tartar de patata ahumada y cremosa de horchata, flan y gelatina de horchata con crujiente de fartón… ¿A que se te hace la boca agua? ¿A que resuena en tu paladar el sabor dulce y avellanado de una buena horchata? Pues estas son algunas de las exquisiteces que el chef Alejandro del Toro diseñó para ser elaboradas en las cocinas del restaurante la Albufera del hotel SH Valencia Palace, donde el pasado lunes 6 de julio el ‘gastroforo’ El Symposio celebró su tercera edición, teniendo en esta ocasión como tema central de debate y degustación ‘la chufa y la horchata, nuevos retos’.

He de decir que ha sido todo un placer, en todos los sentidos, compartir mesa con los allí presentes. De una parte, una representación de blogueros y periodistas de diferentes medios vinculados con la gastronomía, entre los que me encontraba; y de otra, los protagonistas del encuentro, representantes cada uno en su ámbito (la gestión, la producción o la elaboración) del mundo de la chufa, su espíritu y su futuro. Presidían la mesa el director del hotel, Francisco Corredor y Alejandro del Toro.

Y si digo que ha sido un placer en todos los sentidos es porque, si el menú ha sido espectacular (al igual que los vinos, todos de la gama Caprasia de la bodega Vegalfaro, que hacen la fermentación e incluso parte de la crianza en barro) conocer el mundo de la chufa y a sus artífices, lo que piensan y cómo lo sienten ha sido sin lugar a dudas el plato fuerte de la velada y la mejor carta de presentación que el sector podría desear para dar a conocer un producto que va mucho más allá de la clásica, delicada y exquisita horchata.

Para mí, pese a conocer algunos de los productos que se obtienen de la chufa, ha sido todo un descubrimiento las posibilidades que abre este humilde tubérculo, que cuando pasa por las manos expertas de quienes lo aman y comprenden se convierte en una pequeña joya de polvo y tierra, una singular e insólita piedra preciosa en el mundo de la gastronomía. Una realidad que se desconoce y que con la promoción adecuada y el apoyo institucional necesario, podría convertirse en un distintivo de Valencia del mismo modo que la paella. Esas fueron las conclusiones que se llegaron en el Symposio.

Sin lugar a dudas dos palabras han definido el encuentro: versatilidad y pasión. Versatilidad, por la infinitud de elaboraciones que la chufa es capaz de ofrecernos, abriendo las puertas de la  gastronomía a la imaginación y la creatividad. Chocolate, cerveza, harina, aceite…son algunos de los productos exclusivos que se pueden obtener con ella, además de su utilización como ingrediente en la cocina, como hemos visto en el menú diseñado por Alejandro del Toro, a través de cual ha dejado muy claro que ‘no sólo de horchata vive el hombre’ (a pesar de la exquisitez que supone por sí sóla) sino que la utilización imaginativa en cualquiera de sus formas (harina, aceite, horchata…) hace que cualquier plato se convierta en protagonista absoluto de la velada y salga sin dudarlo por la puerta grande.

Y pasión, mucha pasión, la que mostraban hablando de ella Francisco de Borja Bayarri (vicepresidente de la DO), Antonio José Jimeno (agricultor), Cristóbal Martí (horchatas Chove) y José Ramón Panach (horchatas Panach). Pasión por mantener un cultivo exclusivo de nuestra huerta (apenas 500 hectáreas y una producción de 7 millones de kilos) respetando la tradición, pero combinándolo con las últimas técnicas para mejorarlo; pasión por la innovación y la investigación, por explorar las mil caras que nos puede ofrecer en cualquiera de las elaboraciones para que el resultado sea un ejemplo de excelencia. Porque al final de lo que se trata es de buscar una emoción a través del paladar, y eso es lo que pretenden con su trabajo, con la pasión que ponen, emocionar. Que cuando el consumidor beba una horchata artesana elaborada con chufas del terreno y en su punto justo de frescor, se emocione por su sabor único y especial; que cuando pruebe un plato donde aparece como uno de sus ingredientes, la huerta de valencia le acuda a la memoria.

En esas están, y aunque por sus venas pareciera que corre la horchata porque han hecho de ella su vida, ésta lejos de pararles les impulsa. No me cabe duda, después de degustar estas exquisiteces, que el camino que se ha iniciado ya no tiene marcha atrás y que la incorporación  de la chufa y sus derivados en la gastronomía empieza a ser una realidad. Tan solo es una cuestión de tiempo.

Y como a la vista del menú que te he contado y de la foto que he colgado sé que la boca se te hace agua ¿te atreverías con una receta que incorpora la horchata entre sus ingredientes? Te sugiero el flan de horchata que propone Vicky Ortiz (con quien compartí mesa también en el Symposio) en su blog SucreArt. Un flan sencillo, económico, aparente y delicioso que te convertirá en todo un innovador y por su originalidad en el rey de la velada, te lo aseguro.

Y como la música, ya lo sabes, potencia los sabores, y en sintonía a la versatilidad de la chufa, acompáñalo en esta ocasión con estos temas: God blessthe child, de José James, y Young Folks, de Peter Bjorn and Victoria Bergsman. Su frescura hará de perfecta banda sonora para su degustación…en pareja o en compañía de amigos.

Que lo disfrutes. 

sábado, 4 de julio de 2015

Ensalada 'Kalimera' o ¿del drama al dragma?

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Mariano Rajoy
Cope.es

La frase, referida a los últimos acontecimientos en Grecia, no tiene desperdicio y casi podría alcanzar la categoría de máxima si no fuese por la contradicción que supone su pésimo planteamiento: la solidaridad jamás puede estar condicionada a la obtención de un beneficio. Se es solidario precisamente por lo contrario, por nada; porque se es generoso, porque se es empático, y porque esa actitud refleja la adhesión absoluta al otro y la capacidad de ponernos en su lugar. Todo lo demás es caridad o demagogia, es decir egoísmo puro y duro.

Refleja claramente lo que está sucediendo con Grecia. Casi podría decirse que es un lapsus linguae del Presidente. ‘Me la pela lo que esté padeciendo el pueblo griego. A mí que me devuelvan mi pasta y punto’, parece significar. Es decir, ‘solidaridad “(…) a cambio de nada”, no’. O lo que es lo mismo: considerar el sufrimiento insostenible e innecesario de un pueblo y el empobrecimiento de todo un país como una contingencia sin valor que no puede condicionar el pago de lo que se debe.

En Grecia convergen dos posturas que hacen muy mala pareja y resumen una relación que difícilmente acabará en boda si una de las partes no cede: por un lado, el interés por una Europa grande, solidaria consigo misma y fuerte, que sintetiza el ideal de una identidad territorial unida política, económica y culturalmente; y por otro, el interés espurio de los acreedores que atenaza a los países por las deudas contraídas, que se ha apuntalado por encima del interés político y del de los ciudadanos. Lo peor de todo es que esta última postura prevalece sobre ese ideal identitario gracias al apoyo de las estructuras de poder europeas, lo que ha generado en la propia ciudadanía (sobre todo del sur de Europa, con Grecia a la cabeza) un descreimiento y un desencanto difícilmente recuperable. 

Los ciudadanos europeos están hartos de tragedias. Y los griegos aún más. Desde que inventaron el formato hace 2400 años cargan con el sambenito de ser la cuna de democracia y de la tragedia, y de esta última ya han tenido bastante en los últimos años. El referéndum del día 5 es el penúltimo acto de una representación que desean, de una vez por todas, acabe ¿Sí o no? ¿Me quieren o no me quiere? ¿Me quedo o me voy? ¿Blanco o negro? Nada en realidad es blanco o negro, hay por el medio una infinitud de tonos del gris y la estrategia ahora es saber jugar para que aquel al que lleguemos sea el que más nos convenga. Seguro que todas las opciones tienen su carga negativa, pero puestos a escoger entre otra ración doble de más de lo mismo, que no ha hecho sino humillar y sumir en la desesperación y la pobreza a todo un país, y la posibilidad de abrir un nuevo horizonte, yo me quedo con este último, al menos la cruel incertidumbre del futuro viene acompañada por la luz de la esperanza.

Pase lo que pase, con toda seguridad que Europa no desahucia la ‘y griega’ del vocabulario. Es difícil que el drama les  lleve al dragma, por más que inventaran la tragedia; y si es así, otras puertas se abrirán, seguro. Por lo pronto, el anuncio del referéndum pilló tan por sorpresa a la Troika y los ministros de economía europeos que solo por ver la cara que se les quedó ya ha valido la pena; y eso mola, mola y mucho. E incluso el FMI, que hasta antes del anuncio mantenía una postura inamovible en  extender los plazos del pago, sugiere una quita de 52000 M de € de ladeuda Griega por ser inasumible. Ahora sí, antes no. Qué cosas.
Los griegos tienen una palabra para la gente tan mezquina: ‘Malakas’, y no la vamos a rebatir, seguro que tienen toda la razón ¿no crees?

Que esta receta sirva para hacernos sentir un poco griegos a todos; que nos vincule un poquito más como ciudadanos del mismo lugar, más allá de estructuras políticas y económicas que todo lo enturbian. La ensalada ‘Kalimera’ es nuestro plato de hoy. Una receta que combina la frescura del tomate con la berenjena, el queso feta y las aceitunas negras, sabores frescos y mediterráneos que nos traen a la memoria la imagen de una Grecia clásica y deliciosa. Una combinación acertada, ligera y llena de color que lejos de empacharte te invitará a seguir comiendo hasta verle su fin.

Que la disfrutes.
        
NECESITARÁS (para 4 personas)

  • 2 berenjenas grandes.
  • 2 tomates.
  • 2 latas de atún.
  • Aceitunas negras del bajo Aragón.
  • 80 g aproximadamente de queso de feta desmenuzado.
  • Agua.
  • Aceite de oliva virgen extra.
  • Vinagre de Jerez o Módena
  • Sal, pimienta y tomillo.
  • Harina de tempura.


ELABORACIÓN

  1. Pela la berenjena, córtala en discos de ½ cm aproximadamente y sumérgelas en agua con sal durante 1h (perderá amargor y absorberá menos aceite al freír). Lava, seca y pásalas por harina de tempura. En una sartén con aceite bien caliente freír las rodajas. Cuando estén doradas, sacarlas pasarlas por papel absorbente y reservar.
  2. Hacer un par de cortes en la piel del tomate que los atraviese en todo su perímetro, sumergir en agua caliente, y pasado 1’aproximadamente sacar y pelar (la piel saldrá sola). Cortar en rodajas, salar y aliñar con sal, pimienta, tomillo unas gotitas de vinagre de vino o Módena y  un hilo de aceite.
  3. Emplatado: con la ayuda de un molde de cocina ir superponiendo capas: primero berenjena, luego tomate, berenjena, atún desmigado, tomate y culmina con queso feta desmigado por encima. Retira el molde y a comer.


Fresco, veraniego, sencillísimo y exquisito.  

NOTA

Si lo prefieres puedes asar las berenjenas para que resulten más ligeras (en el microondas a máxima potencia 10’-12’) y una vez frías y sin piel las aliñas con aceite, sal, pimienta y comino. También puedes sustituir las olivas por paté de aceitunas negras, el sabor es prácticamente idéntico, aunque las primeras tienen un punto que jamás conseguirá el paté.

MÚSICA PARA ACOMPAÑAR

Para la elaboración: With or without you, U2
Para la degustación: Psycho, Muse

VINO RECOMENDADO

Enterizo rosado 14. DO Utiel-Requena

DÓNDE COMER

Por supuesto en la mejor de las compañías y viviendo en directo el devenir de los acontecimientos. Eso sí, es plato de verano y exterior, así que muda la mesa con sus mejores galas y sírvelo al fresco y con el vino en su punto de temperatura, e imagina a cada bocado un  Partenón iluminado al fondo como colofón.

QUÉ HACER PARA COMPENSAR LAS CALORÍAS

Imagínate como Zorba el griego, levanta los brazos, déjate llevar por las notas del sirtaki y danza a paso libre hasta que ya no puedas más o el vino se acabe.